De Ninh Binh a Hanoi.

Pasamos noche en las cómodas literas del Expreso de la Reunificación (así se denomina al tren que une las dos capitales del país) y nos apeamos en Ninh Binh.
Las bicicletas, que en un principio, las estrictas normas ferroviarias nos obligaban a facturar hasta Hanoi, bajan con nosotros. Nos alegra puesto que nos habíamos acostumbrado a su ritmo lento de ver las cosas.
Ninh Binh recibe el nombre de “la Halong Terrestre” y el lugar lo merece por lo que nos perdemos durante dos días por este laberinto kárstico.

Es en éste lugar donde se reafirma una sospecha que hacía tiempo nos venía invadiendo. Teníamos dudas de que muchos vietnamitas supieran lo que significaban una serie de frases hechas en inglés, con las que continuamente éramos interrogados. Nuestras dudas se disiparon cuando un joven se acercó a Jokin – what´s your name?- mientras señalaba insistentemente el reloj. A partir de entonces cada vez que nos preguntaban nuestros nombres, contestábamos –las cinco y cuarto-.

Después de algo más de mil kilómetros y de sucesivas averías mecánicas, llegamos en nuestras maltrechas bicicletas a la capital de Vietnam.

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