
Pasamos noche en las cómodas literas del Expreso de la Reunificación (así se denomina al tren que une las dos capitales del país) y nos apeamos en Ninh Binh.
Las bicicletas, que en un principio, las estrictas normas ferroviarias nos obligaban a facturar hasta Hanoi, bajan con nosotros. Nos alegra puesto que nos habíamos acostumbrado a su ritmo lento de ver las cosas.
Ninh Binh recibe el nombre de “la Halong Terrestre” y el lugar lo merece por lo que nos perdemos durante dos días por este laberinto kárstico.
Ninh Binh recibe el nombre de “la Halong Terrestre” y el lugar lo merece por lo que nos perdemos durante dos días por este laberinto kárstico.

Después de algo más de mil kilómetros y de sucesivas averías mecánicas, llegamos en nuestras maltrechas bicicletas a la capital de Vietnam.